Con estructuras antiguas de principios del siglo XX, al igual que sus largos pasillos de arboles inmensurables y hermosos, el Hospital Neuropsiquiátrico Dr. Domingo Cabred es una reliquia poco apreciada.
Recuerdo mis últimos años de secundaria antes de convertirme en una joven universitaria cuando me obsesione por completo con la historia de este lugar en particular. Me llamaba mucho la atención los procedimientos psiquiátricos que se habían utilizado en la antigüedad y mas temprano que tarde termine encontrándome con el hospital y su historia.
Le pedí una amiga de aquel entonces que me acompañe hasta la entrada principal. Luego de un viaje en tren de 7 minutos y caminar 12 cuadras (al no tener idea de que pasaba un colectivo que entraba al recinto) llegamos únicamente a la portería.
Dos años después, luego de haber terminado el primer año de la carrera y haberme ofrecido como voluntaria en una biblioteca publica de la localidad, conseguí el contacto del Director del museo del Neuropsiquiátrico, tome una bicicleta, me subí nuevamente a un tren de 7 minutos hacia la localidad de Open Door y me dirigí hacia el museo, donde me encontré maravillada con todos los datos y fotos que habían podido preservar con el paso del tiempo. Esa fue la primera ves que pude entrar al neuropsiquiátrico, recorrí por fuera ciertas instalaciones bajo supervisión, dado que me explicaron que había varios pacientes que podían reaccionar de diversas formas y por supuesto no se me permitió tomar tantas fotos.
Pasado el tiempo, por la mitad del tercer año de mi carrera conozco a uno de los mejores profesores que la universidad me permitió tener, muy a mi pesar nos encontrábamos en pandemia, estudiando Psicopatología de la Adultez y Senescencia, una materia que en mi opinión podría haber durado un año con tranquilidad (Solo duro un cuatrimestre). Quien diría que ese profesor que explicaba con tanto entusiasmo, seria el mismo que abriría las practicas profesionales en el Hospital Psiquiátrico.
Así fue como al estar en el tramo final de mi carrea hice dos de mis practicas profesionales en esa institución con la que tanto había soñado y con la que me había obsesionado años atrás. Fue una experiencia inolvidable sin dudarlo, lo aprendido y lo visto a lo largo de ese cuatrimestre me dieron un gran impulso para encaminar mi carrera profesional una ves graduada.

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